Foto: Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO
Francisco Santos dice que, en la
próxima elección de alcalde, los bogotanos le van a cobrar "los tres
fracasos" a la izquierda.
Francisco Santos se encamina a ser el primer candidato a la Alcaldía de Bogotá. Entrevista.
Ayer reunió a más de mil
personas en la localidad de Kennedy. ¿Si no se trató del lanzamiento a
su candidatura por la Alcaldía de Bogotá, qué fue?
Se trata, sobre todo, de llevar un mensaje de
esperanza para los bogotanos que están desesperados, que ven cómo esta
ciudad se cae a pedazos, gobernada por un incompetente corrupto. El
presidente Santos es corresponsable de esta crisis con el Registrador:
porque se robaron una revocatoria que hubiera sido exitosa y que habría
mandado un mensaje muy claro de que la soberanía popular no se burla.
¿Los bogotanos tendremos que resignarnos a que Petro improvise hasta el último día?
Es probable que nos quede un año y medio de
desastres de Petro. Mientras tanto, me dedicaré a devolverle las
esperanzas a esta ciudad, que ha aguantado tres pésimos gobiernos
consecutivos, populistas y corruptos.
¿En adelante podremos hablar del “candidato Francisco Santos”?
Pues lo de ayer fue un acto político con miras
a recordarles a los bogotanos que hay una salida. Y a los siete
millones de colombianos que no votaron por Juan Manuel Santos, que hay
una esperanza. Vamos a incitar a una gran rebelión política para cobrar
el desastre que nos dejan el presidente Santos y Gustavo Petro.
¿De llegar usted a ser el alcalde, qué sería lo primero que haría?
Los problemas son muy claros y,
afortunadamente, la ciudad tiene la capacidad de resolverlos
rápidamente. Uno, en el tema de movilidad: hay que hacer una urgente
gestión de tránsito que le arregle a usted el 30 por ciento del
despelote. Tocará invertir los próximos cuatro años en hacer todas las
vías principales y troncales que no se hicieron. Hay que pedirle a la
Nación que nos entregue el peaje de la autopista Norte y el de la 13.
Apoyo para construir la ALO con peajes.
Y también, dentro de la concesión
Bogotá-Girardot, que se vence el próximo año, exigir que la salida por
Soacha sea arreglada. Los bogotanos estamos pagando por todas esas vías y
ya es hora de que esa plata se quede en Bogotá. Pero también es urgente
‘desatrasar’ la ampliación de TransMilenio, que solo se ha cumplido en
un 30 por ciento, cuando todo el proyecto de su ampliación debería
estar, y no estará, entregado en el 2016. Toca hacerlo todo de una vez, y
eso va a incomodar a los ciudadanos. Pero lo primero es la movilidad,
que se volvió un tema de competitividad de la ciudad, y hoy Bogotá está
paralizada.
De todas maneras le tocará enfrentarse con otra candidata de izquierda, la doctora Clara López…
A la gente se le olvida que Clara López fue
secretaria de Gobierno de la alcaldía más corrupta de la historia de
esta ciudad. Ella es también corresponsable de esta cadena de desastres.
Pero las encuestas dicen que si las elecciones fueran hoy, ganaría Clara…
Puede que las encuestas digan eso hoy, pero
contamos en Bogotá con un millón cien mil votos que son firmes, que
tienen coherencia y apoyarán al que logre recoger esa desesperación por
el mal gobierno que hay hoy en la ciudad.
Como candidato liberal, apoyado por la coalición de gobierno, seguramente jugará Rafael Pardo…
Es un buen ejemplo de cómo candidatos que se
asoman por ahí son también responsables en gran parte de lo que está
pasando. Rafael Pardo fue ministro de un gobierno que ni después de 4
años, ni de otros 4 le dejará algo a Bogotá, y que cohonestó que Petro
se quedara.
Por el lado del Partido Conservador
suena como candidato Camilo Gómez. ¿Cree que el Centro Democrático
seguirá en alianzas con el conservatismo?
Totalmente. El Centro Democrático y el Partido
Conservador tienen que ir con un solo candidato a recuperar la Alcaldía
de Bogotá. Y cada vez será más claro que esa alianza se dará también en
muchas otras regiones del país. A la izquierda se le acabó el jueguito,
hasta aquí llegaron los desastres en línea de las administraciones de
la capital. Con Petro se les va a acabar el tinglado. Pero así como la
ciudad estaba destrozada cuando llegó Jaime Castro, se recuperará
rápidamente con buen gobierno.
¿Y ese buen gobierno lo va a hacer usted?
No sé todavía, porque falta un año y medio.
Pero desde ya hay que mandar un mensaje de esperanza a los 7 millones de
colombianos que votaron por tener una voz distinta al unanimismo que
hay. Todos ellos sienten que el país no va bien, que va al abismo, con
una crisis económica brutal que se avecina, con un proceso de paz que no
sabemos a dónde va. Todos esos colombianos ven al Gobierno de la mano
de la justicia, persiguiendo implacablemente a esa voz que está
representada en el uribismo, en el Centro Democrático. Vamos a decir:
“No nos arrodillamos, no nos dejamos vencer, no nos atemorizamos”, y al
señor Fiscal le decimos que no nos asustan sus medidas, así siga
aplicando esa justicia atrabiliaria que está dejando a este país muy mal
parado en escenarios internacionales.
¿Se cree capaz de demostrar que es un mito eso de que Bogotá no elige sino alcaldes de izquierda?
A los bogotanos solo hay que hacerles ver lo
que la izquierda le dejó a la ciudad. Dígame: ¿qué proyecto grande se
hizo en los últimos 12 años en Bogotá? Ninguno. El único, que fue el de
la calle 26, costó 500.000 millones de pesos más porque desde Lucho
Garzón se lo entregaron a unos corruptos.
El ex vicepresidente Francisco Santos es líder
de la campaña SI a la revocatoria del mandato al alcalde de Bogotá,
Gustavo Petro. Foto: Archivo / EL TIEMPO
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Ojo, que está hablando del actual Ministro de Trabajo…
Por eso, las cosas vuelven a su escenario, y
por eso el presidente Santos, su gabinete y su gobierno son
corresponsables de la crisis de Bogotá. Es que mire esto: Petro le pinta
unas rayas a la carrera 7.ª, ¿y ya considera solucionado el problema de
esta vía vital para los bogotanos? No hay derecho a tanta
incompetencia.
Y a los huecos los rodean con un círculo amarillo para que venga a taparlos una máquina que no funciona…
Todo es increíble. Pero los bogotanos no son
bobos. En la próxima oportunidad van a decir: “Oiga sí, ya es
suficiente. Le dimos a la izquierda tres oportunidades y fracasó en las
tres”. Porque la verdad es que fracasó en las tres.
Cuando empezamos esta entrevista me
dijo que Petro es un corrupto. Esa es la única cosa de la que todavía
muchos se niegan a acusar al Alcalde…
Perdóneme, pero corrupción no es cumplir la
ley, sino no cumplir la ley. Y Petro no la cumple. Invertir mal los
recursos también es corrupción. Nombrar funcionarios que no sirven y no
hacer nada cuando se roban la plata, también es corrupción. Se ve eso
por toda Bogotá. El caso más patético es la multa que les acaban de
poner a la Empresa de Acueducto y a la Empresa de Aseo por violar la
ley; eso costó 80.000 millones. Mire el escándalo de la máquina
‘tapahuecos’, un robo clarísimo. Mire el evidente direccionamiento de
los contratos en los programas de malla vial, que denunció la Cámara de
la Infraestructura; todos esos son casos de corrupción sistémica. Si a
eso suma la relación del alcalde con ciertas personas y con miembros de
su familia política, lo que se alcanza a percibir es una versión más
sofisticada del ‘carrusel’ de contratos. Todos pensamos que Petro era un
inepto, pero que no era un corrupto. Hoy yo tengo absolutamente claro
que es un inepto pero además, que es un corrupto.
Una cifra semejante al 70 u 80 por
ciento de la contratación en esta administración se ha hecho a dedo.
¿Será porque no quiere que lo controlen haciendo procesos licitatorios?
Cierto. Y mire lo que está pasando con las
alcaldías locales. Están adjudicando contratos de entre 40 y 70 millones
de pesos a pequeñas fundaciones, a ONG; es aterrador, miles y miles de
millones de pesos se han ido en ese tipo de contraticos, asignados todos
a dedo y eso es responsabilidad del secretario de Gobierno, y por lo
tanto del alcalde. Donde usted toque en Bogotá encuentra corrupción.
Petro acepta que la corrupción se le mete por los rincones...
Cuáles rincones. Lo de Petro es una corrupción
sistémica. La cabeza que dice haber luchado toda la vida contra la
corrupción está metida en ella hasta las narices.
¿Petro utilizó a Bogotá para montar su proyecto presidencial?
Sí. A Gustavo Petro no le interesaba ser
alcalde de Bogotá. Llegó a la alcaldía para ser presidente de la
República. Los bogotanos tuvimos que sufrir su desenmascaramiento como
un pésimo gobernante, y a pesar de eso arrinconó a la justicia y ganó.
Petro alcalde es, como se dice en el cine, un tráiler o un corto de la
película que le espera a Colombia si llegara a ser elegido presidente.
Cambiando de tema, ¿qué opina de la
ida de la contralora? Por desconfiar de la neutralidad de la justicia,
se habían ido antes que ella tres exfuncionarios del gobierno Uribe…
El fiscal Eduardo Montealegre es un peligro
para la democracia. Está llevando a la justicia, y creo que la Corte
Suprema está coadyuvando, a quedar como la justicia peruana en la época
de Fujimori, cuando nosotros recibimos a Alan García, quien, ojo, ya
estaba condenado, y lo protegimos con el derecho de asilo. Creo que EE.
UU., cuando examine el caso de Andrés Felipe Arias, va a hacer
exactamente lo mismo: protegerlo. Y con eso mandará el mensaje de que
entiende que el empeño es perseguir y acabar con el uribismo y
encarcelar a Uribe. Es una obsesión de Juan Manuel Santos.
¿Y Uribe se va a dejar?
No, no se va a dejar, y los uribistas no vamos
a dejar que eso suceda. Aquí llegan a ponerle un dedo a Uribe y se
incendia este país. Y se le incendia al Presidente, porque todos sabemos
que el responsable de eso se llama Juan Manuel Santos.
Amenaza con incendios. ¿Acaso el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe está por encima de la ley?
No, y él es el primero que no aceptaría que
eso fuera así. Lo que pasa acá es que no hay garantías. Si las hubiera,
uno estaría tranquilo. Mire lo de Sandra Morelli; yo mismo le había
recomendado que se fuera porque sabía lo que le iba a pasar. La justicia
mira de reojo al reo y, si es uribista o enemigo del Fiscal, va por él.
Mientras los procesos de los enemigos del Fiscal o de los uribistas
avanzan, todos los otros duermen el sueño de los justos.
Pero pensemos: ¿qué gana el Fiscal con eso? Está en juego, al fin y al cabo, su prestigio…
Yo no tengo la menor idea. Por eso creo que es
un peligro. El poder se le fue a la cabeza, y la soberbia también. Se
convirtió en un fiscal más digno de Venezuela que de Colombia. El fiscal
Montealegre se chifló.
MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO
Especial para EL TIEMPO
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